Jarra japonesa de cerámica para sake y dos pequeños vasos sobre una bandeja de madera, con una celosía desenfocada al fondo.

El sake ha acompañado ofrendas religiosas, bodas y celebraciones japonesas durante siglos. Su historia reúne el cultivo del arroz, el trabajo de los elaboradores y las costumbres de quienes lo comparten. La bebida que hoy llega a una mesa es el resultado de cambios en la fermentación, el comercio y los recipientes utilizados para servirla.

Hablar de su origen exige separar los testimonios escritos de las tradiciones que los precedieron. Las bebidas de arroz fermentado forman parte de una historia asiática más amplia, mientras que en Japón se desarrollaron técnicas y usos propios. No existe un único momento que explique por sí solo la aparición del sake actual.

El papel del arroz, el koji y la fermentación

El sake es una bebida fermentada cuya elaboración combina arroz, agua, koji y levaduras. El koji se obtiene al cultivar un moho sobre parte del arroz cocido al vapor. Sus enzimas transforman el almidón en azúcares que las levaduras pueden convertir en alcohol. Son funciones distintas que deben mantenerse coordinadas durante la elaboración.

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En el proceso de elaboración, la conversión del almidón y la fermentación alcohólica avanzan en paralelo dentro de la mezcla principal. Esta particularidad ayuda a entender por qué el trabajo con el arroz resulta tan importante. El sake no se obtiene destilando esa mezcla. La atención a los ingredientes y a la fermentación ha marcado su evolución técnica.

De los primeros testimonios a la corte imperial

Los textos chinos del siglo III ya describían la costumbre de beber en grupo entre los habitantes de Japón, incluso durante el duelo por los fallecidos. Esos testimonios permiten reconocer una práctica social antigua, aunque no describen una bebida idéntica a todas las variedades actuales.

En Japón, los documentos del siglo VIII contienen referencias al sake y a su elaboración con mohos. La corte imperial había establecido una organización dedicada a producirlo en el año 689. Su preparación estaba vinculada a las necesidades de la corte y a las ceremonias.

El Engishiki, una compilación del siglo X, recogió métodos de elaboración y usos ceremoniales. La existencia de instrucciones escritas muestra que la producción requería conocimientos organizados. También permite observar la relación entre bebida, jerarquía y ritual en una etapa muy anterior a su comercialización moderna.

Los templos y la mejora de los métodos

Durante la Edad Media japonesa, santuarios sintoístas y templos budistas tuvieron un papel destacado en la producción. Entre los siglos XII y XV se desarrollaron técnicas que ayudaron a controlar mejor la elaboración, como la preparación de una mezcla inicial para multiplicar las levaduras y la incorporación de ingredientes por etapas.

También se extendió el empleo de arroz pulido tanto para preparar el koji como para el resto de la mezcla. Los registros de monasterios de los siglos XV y XVI recogen tratamientos con calor destinados a conservar el sake. Estos cambios muestran una evolución apoyada en observar, repetir y ajustar el trabajo.

La mejora de los recipientes de madera permitió elaborar cantidades mayores. Con el tiempo, productores especializados ajenos a los centros religiosos ampliaron la actividad comercial. La historia de la bebida empezó a depender cada vez más de cómo se producía, almacenaba y distribuía.

El crecimiento de las ciudades y el sake que viajaba por mar

Durante el periodo Edo, entre los siglos XVII y XIX, la producción y el comercio alcanzaron otra escala. Itami y después Nada destacaron entre las zonas elaboradoras. El crecimiento de los mercados urbanos favoreció la circulación de sake desde las regiones productoras hacia grandes centros de consumo.

Los barcos llamados tarukaisen transportaban barriles de sake desde la región de Kamigata hacia Edo, la actual Tokio. Antes de esa especialización, los barriles compartían carga con productos como algodón, aceite, vinagre o salsa de soja. El transporte marítimo permitió conectar a elaboradores y comerciantes separados por largas distancias.

La historia del sake también es una historia de distribución. El barril debía llegar al mercado y pasar por redes comerciales hasta los lugares donde se vendía o servía. Las rutas y los recipientes ayudaron a que la bebida circulara fuera de su entorno de producción.

Los recipientes cuentan cómo se compartía

Las representaciones de finales del periodo Edo muestran jarras tokkuri y pequeñas copas utilizadas para servir sake. Los recipientes cerámicos formaban parte de escenas de reunión y consumo. Su presencia ayuda a reconstruir gestos cotidianos que los documentos sobre cantidades y precios no siempre explican.

También aparecen cuencos llamados haisen, empleados para enjuagar copas antes de pasarlas a otra persona. Algunos se utilizaron para disponer pequeñas copas flotando en el agua, con una intención decorativa. La vajilla participaba, por tanto, en la forma de relacionarse durante una reunión.

La oferta de vajilla japonesa de Salvioni&Alomar permite acercarse a esa dimensión material junto con la bebida. Los recipientes actuales no reproducen una única costumbre inmutable: materiales, formas y ocasiones de uso han cambiado a lo largo del tiempo.

La ciencia amplía las posibilidades de elaboración

Desde finales del siglo XIX y durante el XX, el conocimiento científico y la mejora de los equipos permitieron estudiar con más detalle la elaboración. El desarrollo del sake ginjo estuvo relacionado con esa búsqueda de precisión en el tratamiento del arroz y el control de la fermentación.

A comienzos de la década de 1930, las pulidoras verticales facilitaron retirar una mayor proporción de las capas exteriores del grano. Posteriormente, el estudio y la selección de levaduras, junto con fermentaciones cuidadas a baja temperatura, contribuyeron al desarrollo de perfiles aromáticos distintos.

Los concursos de elaboración también ofrecieron un marco para perfeccionar métodos. Parte de ese trabajo pasó con el tiempo a productos comercializados. La diversidad actual se entiende mejor al considerar esas innovaciones junto con los conocimientos transmitidos entre elaboradores.

Una bebida que sigue presente en los rituales

En las bodas sintoístas, el ritual san-san-kudo incluye el intercambio ceremonial de sake entre los contrayentes. En otras celebraciones, el kagami-biraki consiste en abrir la tapa de un barril con mazos de madera y compartir su contenido. Son prácticas relacionadas con los vínculos y los buenos deseos, con significados que dependen de la ocasión.

En diciembre de 2024 se incorporaron a la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO los conocimientos y técnicas tradicionales de elaboración con koji en Japón. El reconocimiento abarca una tradición que comprende distintas bebidas, incluido el sake, y pone el foco en los saberes de los maestros elaboradores y sus equipos.

Acercarse al sake a través de especialistas como Salvioni&Alomar permite empezar por una selección actual. Conocer su historia añade otra perspectiva: detrás del recipiente conviven prácticas agrícolas, decisiones técnicas, rutas comerciales y maneras de celebrar que han cambiado sin perder su relación con la vida japonesa.